Natacion.
Ya sabes que no importa
cuántos largos haces
hoy en la piscina.
Lo bien que recorres
las líneas en silencio
con el lápiz de tu cuerpo.
15, 30, 54 no importa.
Nadie te está escuchando
mientras sumerges
rítmica y armónica
tu cabeza en la piscina
abrazando el silencio.
Cuando nadas todo fluye
dominado por tus brazos.
Tu lengua sólo sirve
para escupir silencios.
Muda eres hermosa
y tu pelo deja estelas
sobre los versos del agua
sin ahogarse en el
encabalgamiento
en las orillas.
Te gusta la ágil voltereta
con la que evitas parar el fluido
de tu cuerpo en la corriente.
La piscina es sorda
pero sabe escuchar.
Disfruta del agua
acariciando la tersa
soledad de tu cuerpo
tenso de gozo marino.
Pero las palabras son
anémonas que guiñan
sus ojos al decirlas.
Tus dedos las ahogan
si intentas hablarles
con tus besos. Nadie
percibe la caligrafía
oculta entre las aguas
atrapada entre las rayas
de los celestes azulejos.
No subas arriba.
Todo es bello protegido
en sus burbujas
silenciosas. Son tan hermosas
las cosas que piensas
antes de romperse
y decirse en voz alta
antes de emerger
y trocar sus colas
por largas piernas
para vivir en la superficie.
20, 30, 64 largos.
No importa porque
por mucho que nades
por mucho que respires
al ritmo de las olas
siempre tendrás un anzuelo
atravesado en los labios.
No importa cuantas veces
escribas en silencio
las líneas de la piscina
porque las palabras
la lengua las oxida
y las retuerce con su gancho
al salir a la superficie.
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